sábado, 30 de julio de 2016

Esplurock 2016

Esplurock 2016
Gigatron + Wis(H)Key + Kancer de Sida + Malos Tragos + Guïbols


“Le llamaban Calamidad” fué un Western que pasó sin pena ni gloria en cuyo final ardía un poblado del Oeste americano. Sin embargo, aquellas llamas, no eran cinematográficas sino reales además de la muestra del expreso deseo de un ministro que, casi como aquella película, la única huella que dejó en la historia fue su vacuo deseo de borrar los primeros platós estables de aquel estilo de cine agónico en aquellos años setenta. Tras un primer intento en la Villa centralista de la que provenía el arbitrario ministro, Esplugues de Llobregat albergó ese espacio dedicado al noble arte de la cinematografía, cuya única toma falsa fué la de no gustar al innombrable ministro. A buen seguro, porque era una muestra más del talante de la tierra, el de la adaptación a las necesidades de cada momento yendo de la base económica del cultivo a la industrial y, en aquel tiempo, incluso la cinematográfica. Hoy en día, además, volcada en la educación de muy alto nivel y vila de alto standing, sin olvidar, jamás, su condición de ser tierra de trabajadores, jornaleros laboriosos comprometidos y responsabilizados de su pequeña comunidad, apoyándose en todo momento con bien distintos actos culturales propios y ajenos. Y, como ejemplo de esa adaptabilidad y apoyo a la cultura y al imposible, como pudo pensar cualquiera cuando plantearon crear platós para rodar spaghetti western, diez años atrás, de la mano de Aleix Costa, reconocido productor dentro del mundo de la música nació “Esplurock”. Una asociación sin ánimo de lucro centrada en el apoyo a la música en directo de los grupos y bandas espluguins, de todo el territorio catalán y, por supuesto, de más allá de éstas tierras cuyo lenguaje, historia y cultura se pone en entredicho. Con un Festival que, el pasado treinta de julio cumplió una década de existencia, “L’Esplurock Fest 2016”, atrajo a más de mil doscientas personas ávidas de buena música, como no podía ser de otra manera en éste décimo aniversario, en manos de “Gigatron”, “Wis(H)Key”, “Káncer de Sida”, “Malos Tragos” y “Güibols”. A las ocho “DJ Ultramort Kids”, dio comienzo al maratón musical pinchando buena música, sólo interrumpida por los grupos una vez subían al escenario y, el primero de ellos fue “Güibols”. 





Un grupo de aficionados del pueblo amenizaron el ambiente con versiones de clásicos del rock y el heavy con la presteza de esas imprescindibles bandas del tutifruti musical con pajaritos y sin acordeón. Un fuelle, bien distinto y siempre refrescante y vivificador, fueron los siguientes e iniciáticos componentes del auténtico Festival de punk y metal, “Malos Tragos”, Sergio, guitarra y voz; Rubén, bajo y voz; y Delf, batería y voz; con su último “Welcome to Hipsterland”. 



Aquellos que nunca se fueron y que aúnan seguidores del metal y, en su nueva etapa, quizá más punk como muestra el público que toma el frente del escenario, en su mayoría tocado con bien distintas crestas coloridas, adelantado al resto de largas melenas, Sergio y Rubén, en casa y mostrando ese talante desenfadado pero incisivo implícito en su punk rock, se dejan llevar por chascarrillos donde el tinte rubio del primero y las canillas del segundo, no son más que un inicio completamente inofensivo en comparación con la mordacidad de sus letras. Diez temas propios y dos versiones que, una vez más, ellos dicen destrozar y que, la realidad, como jaleó el público dista mucho del mal uso de sus instrumentos. Iniciando con “Reacción”, ese alegato sin coctel molotov pero con la misma mecha de la denuncia de “Chatarra”, hablando del estado terminal de nuestro planeta. “R’n’R”, “Con la ignorancia” y “La Prostitución Española”, una arenga más a ritmo no tan frenético apoyado en los riff de Sergio al ritmo consolidado de Delf, mientras Rubén no ceja en evidenciar la corrupción de esos ladrones que dicen practicar la política cuando su único fin es el latrocinio y el expolio. 



“Chulería”, “Decepción” e “Ignición”, donde los pogos, aparentemente violentos, son una muestra perfecta del bien y el mal que somos todos y que, “Malos Tragos”, te invitan a que lo elijas tú mismo. Como hace el público lanzado a ese baile frenético que le lleva directamente a “Welcome Hipsterland”, tema que da nombre a su último trabajo, donde exponen, no una denuncia, sino una simple evidencia de una realidad que invade y ha cambiado la ciudad layetana, el lamentable estado de autoritarismo escondido entre otras cosas, bajo costosas barbas y gafas de pasta. Continuando con “No ver, no oír, no hablar”, evidenciando a ritmo colérico el código filosófico y moral santai, los tres monos “Mizaru, Kikazaru, Iwazaru” que entre el pueblo el sentido era «rendirse» al sistema. Es decir, un código de conducta que recomendaba la prudencia de no ver ni oír la injusticia, ni expresar la propia insatisfacción. Para acabar con sus dos particulares versiones, “Take on me” de “A-H” y “Brown eyed girl” de Van Morrison, arrancando sonrisas y humor a su público. Porque, por encima de todo, “Malos Tragos”, aunque insistan en que todo lo hacen “por la pasta”, sólo pretenden molestar a quién se merezca ser molestado, denunciar y, por sobretodo, disfrutar y hacer disfrutar de su música. Como aquellos que les siguieron sobre el entablado, “Kancer de Sida”, aún con faldas y aparentemente a lo loco.



 Sala, voz; Roken, guitarra y voz; Ñe, batería; y Kasajús, bajo; comenzaron con “Jerusalem” como si hubiesen salido de aquellas calles londinenses por donde paseaba Sid Vicious, reclamando su lugar en el mundo y escupiendo la verdad de una humanidad completamente contradictoria. Siguieron con “Calça Curta”, “Matavells”, “Eliges” “Colegas”, “Ensaimadas” y “Declive”, calentando aún más el ambiente con sus letras aparentemente sencillas pero cargadas de esa rabia “Kanceriana”. Con la ironía de quien observa una sociedad cuya putridez está reflejada en el malversado respeto ajeno convertido en flagrante e insultante desinterés humano con la artificial y paradójica figura del buen sociedante. Aquel que no ve mordacidad en su particular visión de la propia versión echa por “Azucarillo Kings” del tema “Do you think I’m sexy” de Rod Stewart, “¿Por qué soy tan sexy?”.



 Con la rasgada voz de Sala, casi escupiendo la ironía de su sensualidad, mientras Kasajús, ya completamente despojado de su ropa, salvo de la interior, se arrastra por el suelo golpeando con furia las cuatro cuerdas de su bajo, Roken rasgando su guitarra a un ritmo frenético y contrarrestando con su voz la de Sala, mientras Ñe, marca a toda velocidad la carencia, salvo cuando se coloca tras el micrófono y Sala con las baquetas o con el bajo de Kasajús, antes de “Antifascistas”. Un aparente caos reivindicativo que les lleva hasta “Cristal”, “Modas”, “Texas” y acabar con un apoteósico “Explotación Infantil”. Agasajados por un público que tararea, corea e incluso sube al escenario para compartir esas canciones convertidas en un grito de guerra, cuyas armas, son las anárquicas extremidades bailando pogos sin parar, las alzadas crestas y el unánime alarido de incomprensión. Que, no hay duda, se extendió, de forma bien distinta, a los que, como postrera ascensión, les siguieron en el entablado, “Wis(H)Key”.



 Marcos López, batería; Isma García, guitarra; Rubén Chacón, guitarra; Charco, bajo; y Ori Novella; tras cinco años de andadura pusieron fin a su sludge, stoner y groove metal con toques hardcore siempre fieles a su propio southern metal con una frase a la altura de sus letras “para ir a peor, lo dejamos”. “Wis(H)Key” salió con el carácter de quién es consciente de estar frente a su última caída de telón y lo dieron todo, como siempre, pero con mucha más emoción y pasión. Dieron un repaso a su repertorio comenzando con “Useless Days”, “Voodoo River”, “Danse Macabre”, “Blasphemous Noise” pasando por “To hell and back again”, “Anthem of pestilence” y así durante diez temazos que rompieron las cinturas de un público atribulado entre la aflicción y la euforia de su música. 



Acabaron con un apropiadísimo “Wasted Crew”, apurando las botellas de “JB” y reinando de nuevo convertidos en la banda perdida, inscrita a golpe de buena música en la historia del Metal. Y, así fue, quedaron sobre el escenario de Esplugues, como las cenizas de aquellos estudios de spaghetti western, las últimas voces desgarradoras de Ori, los últimos riffs y solos de Isma y Rubén, los últimos ritmos excitantes de Charco y Marcos, el último concierto de “Whis(H)key”. Como los últimos en subir tras esa inesperada, sufrida y lamentable despedida, fueron las figuras que podrían haber nacido de la pluma del inmortal Vicente Blasco Ibánez, “Gigatrón”.



 Charly Glamour , voz; Mike Ferralla, bajo; Mazinger Molina, batería; Dave Demonio, guitarra; ), más cercanos a los personajes de algún descabellado dibujante de cómic centrado en mostrar el lado grotesco del Heavy Metal y la historia de la humanidad. “Gigatrón”, cual dioses de un Olimpo de cañas y barro, mostraron su esperpéntica visión, no ya de la música, sino del carácter mitológico de aquellos que, bajo el aura de Zeus, que esa noche fue representada por “Whis(H)key”, “Kanzer de Sida” y “Malos Tragos”, intentan mostrar un boato y fastuosidad que nada tiene que ver con la música y si con la tramoya de aquellos antiguos comediantes que viajaban en carretas.



 Una noche, la del treinta de julio, donde el décimo Esplurock, “L’Esplurock Fest 2016”, cumplió con sus expectativas de apoyo a la música y a las bandas, como bien demostró el público que asistió disfrutando de los grandes grupos, “Whis(H)key”, “Kanzer de Sida” y “Malos Tragos” y entretenidos por “Güibols” y “Gigatrón”, acompañados por la música insustituible de “DJ Ultramort Kids”, iniciando, intermediando y finalizando el festival. Pero, a diferencia de aquellos estudios, víctimas de las llamas y del expreso deseo de un ministro cuya única huella en la historia fue su vacuo deseo de borrar los primeros platós de aquel estilo de cine agónico en aquellos años setenta, “L’Esplurock Fest 2016” renacerá un año después celebrando su undécimo aniversario en “L’Esplurock Fest 2017”. 

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez

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