domingo, 26 de febrero de 2017

The Grassland Sinners + Still River - Les Enfants

The Grassland Sinners + Still River
Sala Les Enfants - Bcn


Hablar de reciclaje asemeja una diatriba moderna, muy contemporánea, no obstante, cuando nadie hacía uso de palabras como ‘reutilizar’ o ‘recuperar’ convertidos en símbolos de ciudadanía responsable, ya se reciclaba. Aquellos carritos de la compra repletos de envases de cristal o pequeños locales donde “El Drapaire”, el trapero almacenaba papel, cartón, vidrio, tela e incluso metal que recogía por la calle o bien compraba directamente en las casas o en su propio local. Usos y formas creadas con la naturalidad de la lógica convertidas en modismos del que, distintos estamentos oficiales, sacan un beneficio, a expensas de aquellos que vivían de ello y de los mismos residentes como mano de obra barata, y por el cual, además, cobran impuestos a sus ciudadanos para que sufraguen los elevados costos de medios y trabajadores. Es decir, una más de las artimañas de aquellos que dicen conducir a la sociedad vendida como una innovación hodierna cuya única finalidad es acaparar el máximo de beneficio. Afortunadamente, en la música, como en los distintos artes, no hay posibilidad de incurrir en semejante latrocinio, y cuando un coetáneo retrotrae algún estilo o forma del pasado, no lo muestra como una innovación. Sino, bien al contrario, no sólo como un homenaje, sino como una actualización que devolverá aquella expresión al lugar que le corresponde. Como constataron el pasado día veinticinco de febrero en la Sala “Els Enfants” de la siempre layetana ciudad, “The Grassland Sinners” y “Still River”. Dos bandas de rock sureño americano que, si bien, realmente no pertenece al pasado, sino que está muy vivo allende el océano Atlántico, en este firme que los fenicios dieron en llamar “tierra de conejos”, más acertado que el utilizado por los amantes de esos macelos de arena donde más que curtir ensartan, parecía haberse quedado en aquellos tiempos de los setenta. Sin embargo, no ha sido así y, los primeros en, no ya demostrar, sino continuar con esa constatación, fueron los euskeras “Still River”.




 Dan Cabanela , vocal y guitarra rítmica; Txema Solano, bajo y coros; Juan Gumuzio, guitarra solista y coros; Lander Cadenas, batería; y Álex Larrazabal, teclado; aún con la sala víctima de esa desdeñable costumbre del público en general de obviar deliberadamente la hora marcada de inicio, ascendieron al entablado para comenzar con su eterna pleitesía a “Grateful Dead”, seis de los doce temas del repertorio preparado son versiones de éstos, cuatro de su último trabajo, “Wood & Wire” y dos del anterior “Demo”. “Samson and Dalilah” rompió la tarde noche con las baquetas de Lander precediendo a las cuerdas de Dan, Juan y Txema y las teclas de Álex. Un inicio algo frío que se fue calentando, no sólo porque el aforo fue aumentando progresivamente hasta mucho más allá de tres cuartos de sala, sino porque “Still River”, si bien, afortunadamente, nunca será “Grateful Dead”, tiene una calidad indiscutible.



 Unos músicos capaces de superar la fuente y generar un producto de autoría y, desde luego, mucha calidad. Como es posible apreciar en “Jeremiah” un country que nos transporta a uno de esas cantinas sureñas fílmicas donde los hombres llevan camisas remangadas y las mujeres cintas en la cabeza. O “High Time”, nos embarca a ritmo de soul en alguna de esas fiestas de pueblo, con trajes y vestidos largos, en los que las carretas de caballos, aún habiendo móviles y deportivos, no están de más. Igual que con los dos temas de “Demo”, “Four mile to mobile” y, especialmente, “Fight, fight, fight” con el que casi nos encontramos en uno de eso ranchos entre caballos, ganado y fogata nocturna mojando el gaznate con algún brebaje casero de muy alta graduación. Como la nota de unos euskeras encabezados por un minesotano amante del txakolí y la tortilla de bacalao, altísima y ya con un presente mucho más firme, que finalizaron con el clásico “Down by the river”, cómo no, de “Grateful Dead”, ante un público apasionado con “Still River”. dejando paso a “The Grassland Sinners”. 



Un puñado de amigos, Germán Magrazó, vocal; David Melguizo, guitarra; Jordi Revilla, teclados; David Mani, bajo; Aleix T. Lozano, guitarra; Edu Ropdríguez, batería; que tras una serie de improvisaciones tocando aquello que más les apetecía, sin premeditación pero, a buen seguro, con mucha alevosía, un buen día se pusieron a componer y finalmente dio como fruto el trabajo que está a punto de salir al mercado, “Let it ride”. Y que, añadiendo la versión “Cursed Diamon” de “The Black Crowes”, mostraron ante un público, en su mayoría, fiel en la corta existencia de ésta nueva banda de, no hay duda, mucho más que expertos y buenos músicos. Con un estilo que ellos tachan de rock americano y que bien podría identificarse como una mezcla de rock clásico setentero y southern rock. Iniciando con una poderosa ‘Intro” que enlazó con “Night tripper”, “Not sad anymore” hasta llegar a “Sweet Magnolia”, encabezados por esa voz de Germán, cargada con la profundidad a la altura de sus letras.



Donde la guitarra de Álex, siempre presente, incluso cuando no toma la batuta, mantiene un reto continuo con la de David, sin ánimo de triunfo, sino de unión dispar que ensalza cada nota. Ponderados por las teclas de Jordi, incapaz de mantenerse quieto tras éstas, exaltando la riqueza de unas melodías cuya base rítmica, las cuatro cuerdas de un exultante David, encontrando espacio para moverse de un lado a otro del escenario, y las baquetas de Edu, mágicas y certeras, redondean, cerrando e iniciando, unas composiciones que arroban al respetable. Un público, en su mayoría, conocedor de cada estribillo, de cada nota, que no puede por menos que dejarse arrastrar por la fuerza sincopada pero arrasadora de “The Grassland Sinners”. En una tarde-noche de rock americano, en una sala de raigambre musical, “Les Enfants”, con carácter minesotano, euskera, layetano y granollense cuya naturalidad no se atiene a modismos ni, tampoco, a inventar estilos a expensas de la necedad social. Sino a retrotraer unas formas que, desde luego, no han quedado en el olvido, con el respeto al originario y la autoría de la propia personalidad de dos bandas que ya son parte del panorama musical, “The Grassland Sinners” y “Still River”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez



viernes, 24 de febrero de 2017

Freak Frogs - Sagunto

Freak Frogs
Morvedre Rock Green Espai - Sagunto

Tenía muchas ganas de ir a la sala Green Espai en el Port de Sagunt, me habían hablado de ella muy bien y así fue como yo la sentí. La ocasión, el concurso de bandas Morvedre Rock, después de nueve años sin celebrarse, la edición de este año va a ser en mi forma de verla, sensacional. Dos premios, uno para las bandas locales del  Port de Sagunt y otro para las bandas de fuera, como debe de ser (he ido a muchos concursos de un premio y siempre ganan los locales).

Después de una placentera cena en compañía de tres mujeres extraordinarias nos dirigimos a la sala, el primer grupo, al que me voy a dedicar hoy era Freak Frogs, la banda local que tocaba esa noche.



Cuatro chicos, Juan guitarra y voz (17 años), Daniel batería y coros (16 años), Carlos guitarra (18 años) y Daniel bajo (16 años), ellos forman Freak Frogs una banda de Rock Alternativo – Indierock.

Lógicamente lo primero que me sorprendió fue su juventud, lo segundo como tocaban (el batería de conservatorio, me di cuenta por la forma de pisar el  bombo) dentro de mi poca educación musical, me pareció que se deslizaban sobre sus instrumento como peces en el agua y lo tercero su cantante y guitarra Juan, una mezcla entre Paco “Loco” Martínez, Alex Turner y Jim Morrison, se movía en el escenario como si hubiese nacido en él.



Después de una intro, la primera Funky n.3 de clara reminiscencia Indie nos iba a dar una nitida visión de lo que iba a ser el concierto, siguieron Abre la Puerta y Oxitocina Mortal con esta sabíamos que nos estaban induciendo al parto de las otras tres Puedo Ser Mejor, Es el Momento e Invierno Pasajero. Aunque no os lo creáis de estas seis canciones, dos las tenían hechas, las otras cuatro las compusieron para el concurso ¡En ocho días!

Estaba experimentando la sensación de una visualización recordatoria de algunos ilustres cantantes, cuando desde el borde del escenario vi que manteniendo la guitarra a pulso durante unos segundos (me dije para mí, no lo hará) la dejo caer (tengo mi opinión sobre adolecer a un instrumento pero no lo voy a decir aquí porque entonces me convertiría en un critico musical y sinceramente, nada más lejano de mi mente que querer evangelizar yo a nadie) acabando así una de las canciones.


Son en principio una banda de versiones de lo grupos que más les han influenciado, la séptima canción seria Stiil Take Your Home de Artic Monkeis, también de estos Brianstorm, y de uno de los grupos que he fotografiado un par de veces y por el que siento cierta veneración Pixies, Where Is My Mind?; Creep de Radiohead y I Bet You Look Good… otra de Artic Monkeis; para finalizar, después de la consabida consigna del ¡otra otra! Take It Or Leave It de The Trokes. Desde aquí les animo a que sigan componiendo porque estoy seguro que de seguir en la música moderna tienen posibilidades de llegar a que les escuche mucha gente.


La otra banda, la de fuera, fueron Mantequilla Voladora que dio un brutal concierto, cosa a la que ya nos tienen acostumbrad@s, con la particularidad de que estrenaban baterísta, Sergio, que estuvo enorme.

En fin, una noche llena de felicidad, sentimientos y aprendizaje por parte de dos grandes bandas, si sumamos la edad de todos los componentes de una de ellas me llevan trece años, ¡Juas no soy tan viejo!  

Texto y Fotografías de Iziar Kuriaki

Chaqueteros + Vesper Crime - Sala Monasterio

Chaqueteros ¡Kiss Alive I y II! + Vesper Crime
Sala Monasterio Bcn


No hay mayor plan para empezar a despedir el invierno barcelonés que pasar una noche de viernes presenciando el tributo de Chaqueteros a la banda más caliente del planeta.
Y no hay mejor plan porque las noches Chaqueteras se han convertido en una reunión de amigos en las que el buen rollo rezuma ya desde que llegas a la puerta y te encuentras a Tillin en taquilla. Y es que son noches en las que parece que una especie de sortilegio de rockeros curtidos en mil batallas administran el ambiente que flota en este auténtico oasis de las noches de la ciudad Condal.
Los encargados de abrir esa noche fueron Vesper Crime.



 Banda que sorprendió por su calidad indiscutible, elaborando un hard rock potente con un cantante que les proporciona un punto diferencial. Sus temas propios dejaron un buen sabor de boca y las versiones que seleccionaron esa noche fueron brutales. Nos dieron su particular visión de temas de Joy Division, Iggy o Bowie, ganándose de esta forma el beneplácito de la asistencia.



La puesta en escena que lucieron esa noche chaqueteros fue muy ingeniosa. Los cinco chaqueteros magistralmente caracterizados de la mano de Claudia que realizó un trabajo sensacional con sus maquillajes. Simmons, Criss, Ace y Paul por partida doble (Charly y Camarero Oscuro lucieron su maquillaje, uno con la estrella al lado derecho y otro al izquierdo) lucían glamurosos artefactos elaborados con mucha gracia que unidos a la pequeñísima pirotecnia los hacia exhibir una aparecían estelar.



Me pase toda la adolescencia con la música de Kiss como estímulo. Esta fue la banda que mantuvo el cerebro de millones de adolescentes en barbecho a la espera de que amainara su terremoto hormonal. Así que cualquier homenaje a la banda más grande del planeta siempre es bienvenida.
Llego el momento más esperado de la noche y míster riff Jan Gura insuflo vida con los primeros acordes de “Deuce”. La banda más pasional del orbe barcelonés comenzó a desojar los temas que aparecen en los dos Alive con una seguridad y contundencia aplastante. Charly es la actitud, el frotman definitivo, su puesta en escena y la forma con la que se enfrenta en cada uno de los temas lo hace único. 



De esta forma iban cayendo temas como “Strutter”, “C’mon and love me” y “Parasite” con el personal totalmente hechizado por la magia Kiss.
Llego la primera trampa de la noche “Creatures Of The Night” que fue compuesta años después de que el segundo Alive viera la luz, sirvió para subir un poco más la temperatura. Y es que ellos son los jodidos Chaqueteros y en sus repertorios no hay reglas, si se tiene que tocar 2000 Man en un tributo a los dos Alive se toca y punto.
Un “God Of Thunder” en el Hammer con unos martillos enormes sustituyendo las baquetas, aplastaba con contundencia su batería. El efecto visual fue de lujo y nadie quedo indiferente.



Jan Gura y Camarero Oscuro se encargaban de sacar de sus guitarras esos riffs y solos tan característicos y Toni Nerviorroto la leyenda del rock barcelonés se comportó con enérgica vocación. 
“Love Gun”, “Cold Gin” y “Shock Me” nos introducía en la recta final. Momento en el que atacaron con un 2000 Man al que le tienen bien cogido el pulso. Sin duda uno de los momentos más inspirados de la noche. 
El otro fue el momento en el que interpretaron “I Was Made For Loving You” con el capo Manuel Alférez bajo en mano y protagonizando un duelo de leyendas con Nerviorroto. Impagable y un lujo para las más de 100 personas que abarrotaban la sala.



Antes de seguir con el concierto la banda aprovecho para subir al escenario a Embruix asidua a las noches Chaqueteras y persona muy querida en los ambientes rockeros de esta ciudad. Esa noche cumplía años y bien merecía una ovación de los allí presentes.

Pasado el momento emotivo los Chaqueteros interpretaron “Shout It Out Loud” y “Black Diamond” para ausentarse momentáneamente del escenario.



Vuelta a las tablas y con “Beth” nos hicieron vivir un momento que se da muy pocas veces y es que chaqueteros solo han tocado baladas en ocasiones muy puntuales. De echo no recuerdo ninguna otra vez y eso que en cinco años solo me he perdido uno de su Shows. 
“Detroit Rock City” y “Rock And Roll All Nite” son perfectas para finalizar un show, aunque aún nos tenían preparada otra sorpresa. Una majestuosa “Lick It Up” con toda la sala ya a sus pies puso punto y final a la noche más caliente del puerto olímpico.
Deseando que llegue ya el próximo chaqueteros y volver a reencontrarme con toda esa fauna tan entrañable como genial. Chaqueteros Rules.

Texto: General Lee
Fotografías: Maria Jose

jueves, 23 de febrero de 2017

Tori Sparks & Calamento & El Rubio - Luz de Gas

Tori Sparks & Calamento & El Rubio
Luz de Gas - Bcn


Existen seres excepcionales que, según algunas leyendas, realmente proceden de un mundo, que no dimensión, ubicado dentro del que todos conocemos, un aquí que, únicamente, contados humanos o Phughaz, según una de sus lenguas, pueden apreciar. Éstos, son conocidos como Arhimh, un humano capaz de ver y enamorar a uno de esos seres, especialmente a los Vehguh, la especie de Hadas y Hados. Existen razas de distintos tamaños y clases, pero todos son seres esbeltos de cuerpos perfectos sin ombligo cuya perenne desnudez no es ofensiva o soez, sino hermosa, lucida con una única flor en la frente. La cual desaparece cuando se convierten en “Florecidos en Phughaz”, Vehguh, hadas y hados, que a causa del enamoramiento de un Arhimh, abandonan su naturaleza convirtiéndose en humanos y, gracias a esa distinta percepción de la realidad, aun habiendo olvidado su propia naturaleza, suelen sobresalir excepcionalmente en belleza, prestancia y, desde luego, artisticidad e intelecto. No hay duda que, a priori, no son más que leyendas, cuentos infantiles narrados con la voz rota de algún anciano alrededor de una fogata. Sin embargo, en muchas ocasiones esas fábulas no sólo asemejan certeras sino que hay personas que ayudan a que se conviertan en realidad, como Alicia Rodríguez de “Alicia Música”, promoción, producción y creación de eventos, que el pasado día veintitrés de febrero en la elegante “Sala Luz de gas” de la siempre layetana ciudad, consiguió que un número muy elevado de espectadores, casi llenaron la sala, presenciase la aparición de una artista como “Tori Sparks”. Creando una duda razonable y, casi, indiscutible, será una Vehguh florecida en Phughaz, no sólo por la presentación de ese último trabajo “La Huerta” en colaboración y acompañamiento de “Calamento” y “El Rubio”. Sino, ya antes de hacer su aparición, en la propia presentación de Senén Armengol, constatando la trayectoria de ésta artista y sus acompañantes, compañeros y, desde luego, parte indispensable de su muestra grácil de talento fusionando ‘raza’ de dos bien diferenciadas zonas del mundo, la suya, allende el océano Atlántico, y la de éstas tierras ibéricas, célticas y tartesas.



Su carisma y fuerza parecía hallarse ya en el ambiente casi antes de que Senén abandonara el escenario, de ésta sala de decoración cuidada y elegante al estilo del cabaret de la Belle époque. Enaltecida por la aparición paulatina de Francisco Guisado Rubio, “El Rubio”, guitarra eléctrica, “Calamento” o, lo que es igual, Ramón Vagué, bajo; Pepe Camacho, guitarra española; y Xavi García, percusión; colocándose tras sus respectivos instrumentos antes de comenzar a esparcir mágicas e increíbles notas. Las iniciáticas de “Until Morning”, el primer tema de los doce que constituyen ese último trabajo “La Huerta” y que componen el repertorio íntegro de la noche.



Mientras, Alba Bioque, con su impresionante voz colocándose tras el micro, no sólo arroba al público con su presencia, sino que provoca de nuevo esa duda en la mente de todos, si existe la especie Vehguh, Alba tiene que ser una de ellas. Incertidumbre que, si bien ya estaba en el ambiente, se convierte en realidad, a modo de gran ovación, cuando la semi-capa del vestido, diseñado por otra maga de allende éste mundo, Philissa Williams, a modo de traslúcidas alas de Vehguh, ondea con la brisa provocada por los seguros pasos de Tori sentándose tras el micro y comenzando a declamar con esa voz hechizante de blues. Rasgada por ese amor que, quién sabe, quizá fue el que provocó el Arhimh que la trajo de ese extraordinario mundo de las hadas, para regalarnos su trabajo, sus composiciones, su dicción y su sinrazón. Esa que sobrevuela la rumbera “Bitter Seeds” con un cajón, tocado por las asombrosas manos de Xavi y las no menos fascinantes del Maestro Camacho, dando vida a unas cuerdas que, para cualquier otro, no son más que material inerte.



Si bien, muerte o quietud, es lo único que no es posible encontrar en el trabajo de ésta osada compositora cuya fusión flamenco-blues o viceversa, no tiene parangón cómo es posible apreciar, de nuevo, en “La Huerta”, tema que da nombre a éste último gran trabajo. Aun cuando habla de una relación amorosa sin futuro, canta a la superación y, desde luego, ambientada en esa naturalidad del vergel, de esa vega en donde un Vehguh se sentiría a sus anchas, una vez más se hace presente la pregunta de la naturaleza, no únicamente de Tori, sino de todos, incluido ese “El Rubio” con un impresionante solo final de su guitarra que transporta a mundos mágicos donde lo imposible se convierte en apabullantemente factible. “Leyenda del tiempo” con toques de blues de aquel, a buen seguro, Vehguh que volvió a su mundo de fantasía, “Camarón” con la introducción de nuevo a manos de “El Rubio”, esas seis cuerdas retrotraen con voluntad y orgullo, sin perder la autoría, la figura de aquel siempre presente gaditano que elevó el flamenco a cotas muy altas.



De las que no se desploma, precisamente, Ramón con la gravedad de su bajo, quizá el menos visible pero no por ello menos presente, parapetado bajo su sombrero y afrontando, como los demás, “Little Wars”, “On my mind” y “Vete”, antes de hacer frente, no un nuevo reto, sino otro más en la particular visión de Tori, al que no sobraría un bandoneón, de aquel “Nature boy” de Eden Ahbez que popularizó ‘Nat King Cole’. Precediendo a “Malena”, una farruca con acento americano y las manos del Maestro Camacho, de Pepe, llevando la composición que, a buen seguro, nacería en algún lugar parapetada tras los ahumados cristales ante la sorprendida visión de caminantes y vecinos, y que transporta a ese lugar limítrofe con la irrealidad.



Esa línea donde pocos pueden mantener el equilibrio de la consistencia y la cordura de lo excepcional que, de nuevo, aparece en “Veinte años” honrando a María Teresa Vera y, desde luego, en “Kashmir” de ‘Led Zeppellin’ con guitarra flamenca, la del Maestro Pepe, ritmos de soleá y tangos, junto a invitados de excepción, a las palmas y coros, Ramón Giménez "El Brujo”, “Julio Cortés” y Alba, y la furia del bailaor “El Yiyo”. Plasmando, todos, pero especialmente ese taconeo con coraje, impetuosidad, vehemencia y pasión del “El Yiyo” la inspiración fantástica de Tori que, como despedida y nunca como punto final, sino como una pausa, finalizarían con “Wade in the wáter”. Un tema espiritual de los hermanos John Wesley Jr, y Frederick Jerome. Trabajo en el que chapotean sin ahogarse, con ese estilo propio que arranca, una vez más, aplausos y vítores de un público rendido a ésta cantautora y a sus compañeros, casi familia, capaz de crear una burbuja, quizá una transposición a ese mundo fantástico de donde, si hacemos caso a las leyendas, algún Arhimh, un humano capaz de ver y enamorar a un Vehguh, la hizo salir y derrochar su talento en una noche legendaria que, cómo no, acabó con dos últimos bises de “El Mar”, su anterior trabajo, con su versión de “La llorona” de la inmortal ‘Chavela Vargas’ y “Flor de Estambul” de Javier Ruibal donde es posible incluso sentir a ‘Erik Satie’.




El respetable en volandas de las cuatro cuerdas de Ramón, el cajón de Xavi, los seis cables de “El Rubio” y la media docena del Maestro Pepe, unidas por la cautivadora y bucólica voz de Tori, abandonó la sala “Luz de Gas” con esa magia inenarrable del aroma a esa flor de Estambul que, podría apostarse ciegamente, debe de ser uno de los lugares donde campan a sus anchas esos seres fantásticos a los que, como no puede ser de otra manera, pertenece la chicagoense, “Tori Sparks”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Xavi Mercadé y Manuel Alférez



martes, 21 de febrero de 2017

John Mayall - Sala Apolo

John Mayall
Sala Apolo - Bcn
21.02.2017

Una cola kilométrica bordeaba el edificio de la sala Apolo. Mayall volvía a Barcelona y sus seguidores lo recibían con todos los honores. Este longevo bluesman británico tiene tras de sí una carrera que le quita el hipo a cualquiera y a pesar de ser un asiduo a los escenarios de esta ciudad su poder de convocatoria no decrece en absoluto, más bien todo lo contrario porque la sala presento un prestigioso sold out.
John es un auténtico currante del blues y ahí lo tenemos a sus flamantes 83 años al pie del cañón y ofreciendo recitales que solo sus incondicionales saben apreciar. Y no son pases de hora escasa, no, este hombre se planta en el escenario y no se baja de el hasta que no sobrepasa las dos horas de Show, todo un hito a su edad.



Esa noche se presentó acompañado de Grez Rzab al bajo. Con un currículum a sus espaldas más que brillante. A tocado con músicos de la categoría de Page, Clapton, Allman, Crowes o Santana. Un auténtico virtuoso del bajo que dejo a la concurrencia con la boca abierta. La batería fue extraordinariamente ejecutada por Jay Davenport prestigioso bluesman de chicago. John se centró en armónica, teclas, Hammond, guitarra y voces. Más que suficiente. 
El concierto que ofreció esa noche fue muy denso y en ocasiones rozo lo tedioso pero que por momentos fue vibrante y estremecedora. La banda muy compenetrada con instrumentalistas de mucho nivel, pero en un formato en el que se echó mucho de menos la guitarra ya que, aunque el propio John se encargó de introducirla en algún momento del show su presencia fue prácticamente testimonial y ello hizo que el concierto perdiera fuerza y emoción. Y es que John Mayall siempre se ha caracterizado precisamente por haber estado rodeado de los mejores guitarristas de la historia.



El repertorio fue una intercalación de temas de su último disco, clásicos de su extensísima carrera y una exquisita selección de fenomenales versiones. Y ahí estaban “Goin’ Away Baby”, “Mother In Law Blues”, “Checking’ Up On Baby” (magistral a la armónica) o “Dancing Shoes” para refrendar que a la hora de interpretar un blues este gran músico sabe de lo que habla.
Si hay un calificativo que pueda describir al público que asiste a los conciertos de Mayall es de respetuoso. En todo momento estuvo atento a las lecciones bluseras del maestro que una y otra vez se enfrentaba a sus temas con la nostalgia de alguien que está de vuelta de todo y la inocencia de un principiante.



El autor de The Turning Point salió airoso de su enésima cita con un público barcelonés que cayó rendido a sus pies. Impagable el momento en el que una vez finalizado el concierto Mayall bajo las escaleras a toda pastilla para ponerse en un minúsculo merchandising a vender sus discos. El ímpetu con el que este hombre apartaba a todo el que tenía delante solo es comparable a las carreras en el Corte Inglés el primer día de rebajas.  

Texto: General Lee
Fotografías: Dimoniet Vermell