sábado, 12 de marzo de 2016

Reincidentes + Yeska - Sala Boveda

Reincidentes + Yeska
Sala Boveda - Bcn


La figura retórica de la paradoja tiene un uso, casi perfecto, con el barcelonés barrio del “Poble Nou”, un distrito industrial donde, a priori, parecería no tener cabida la cultura, únicamente el esfuerzo físico y la mano de obra. Sin embargo, el sustento vital de esa barriada siempre ha sido el apoyo y fomento de la cultura y, de entre esa amalgama de artes y humanidades, a la música, un exponente más paradójicamente menospreciado. Y, uno de los bastiones musicales es, precisamente, la “Sala Bóveda” situada, quién sabe si casualmente, en el número treinta y tres de la calle que hace honor a un claro defensor de la cultura, Roc Boronat. La cual, éste viernes día once de marzo, tuvo como invitados de honor a “Reincidentes” y “Yeska” dos bandas, la primera con tres décadas a sus espaldas, cuyo carácter y fundamento social y cultural se encuentra perfectamente ligada a esa retórica paradoja. En un aparente absurdo que golpea con aplastante elegancia una socavada sensatez que tiempo ha, se convirtió en irracional, irresponsable y disparatada. Manifestado en primer lugar con la ironía del verso, plasmado en el nombre de su último disco “Versos Zurdos”, por los herencianos “Yeska”. 



Antonio, voz y guitarra, Julio, bajo y coros; Juan, Guitarra; y Ángel, Batería; hicieron uso del significado de su nombre, convirtiéndose en chispa para crear un buen fuego cuyas llamas dejaron las paredes “Pintadas” con doce temas de rock and roll urbano con toques de punk o Rock “Kostrilla”, como a ellos les gusta autodenominar, en un “¡A saco!” que va “A por ellos”. Con la “Sentencia” clara de unos guitarras, Antonio y Juan, cuyos rasgados están muy por encima de un “Ni aprendo, ni me acostumbro (Ni quiero)”, todo lo contrario, como muestran sus riffs al más puro estilo rock, en una y “Otra canción”. O, el “Acompañante”, en los coros, que no con el bajo, Julio, golpeando las cuatro cuerdas con la personalidad de los “Versos zurdos”, siempre presentes, en una unión, no precisamente paradójica, como la de “Montescos y Capuletos”. 



Sino como la del “Cabaret de Damas Libres”, con las inquietas y veloces baquetas de Ángel, cual “El Cristo de los perros” liberado con el sonido de sus bombos y platillos, sus particulares “Los chicos del barrio”, con los que aúna al resto de la banda además de aportar la riqueza de un sonido propio. Ese “Rock Kostrilla” de “Yeska” que incendió con la paradójica falta de devastación una sala repleta y más que acalorada que esperaba a unos sevillanos “Reincidentes”. 



La treintañera banda, incitadora a “Rebelarse” y que, bajo el brazo, trae su último trabajo, “Awkan”, un libro, seis temas nuevos y el directo grabado en Latinoamérica. Fernando Madina, vocal y bajo; Manuel J. Pizarro Fernández, batería; Juan M. Rodríguez Barea y Finito de Badajoz “Candy”, guitarras; “Reincidentes”. Ascendieron al escenario “Jartos daguantá” sin encomiarse a la “Cucaracha Blanca” en su propia “La ciudad de los sueños” preparados para ir “Al Asalto” como esa especial “Carmen”. Frente a un público que, como ellos, víctimas de un país libre al que el odio rompió, se encuentran “Sin parar de buscar” unidos en un grito que resume, paradójicamente, incontestables argumentos asumidos únicamente con un “¡Váyanse a la mierda! Cual “Refugiados” del silencio soterrado en “La cuneta del Olvido” gritando entre todos, “Reincidentes” y espectadores, “Otra vez” un “No somos Nada” a través de un “Poema social de guerra y muerte” que bien puede expresarse en catalán, un “Respon-me” de Lluis Llach con acento andaluz que se erigió en “Huracán”. 



Arrastrando a todos a sentirse “En la plaza de mi pueblo” con los puños elevados exigiendo un “Sahara Adelante” ese país que debería encontrarse en el sur de “El sur”. Ese Sur, esa tierra que no es propiedad privada como el resto de las tierras en las que, como en la sala, todos a una deberían gritar “Que les Jodan” y aún con el evidente sentimiento de estar “Cogido por los güevos”, siempre se está “Aprendiendo a luchar” en un “Que me quiten lo bailao” con las venas repletas de “Rabia” para, aún hundidos en la ansiedad, no estancarse y moverse con un sencillo “Corre”. Porque, aunque protestar es de otro tiempo que pasó, “Dime” grita Fernando a un público que anda espabilao no sólo por el grito “¡Nazis nunca más!”, sino denunciando un mundo sin mañana en “Casas de cartón”, como aquellas a las que cantaba en “Latinoamérica” el siempre recordado Ali Primera.



 Recurriendo a ese “Cuento de alfajor” que permita cantar unidos “La Republicana” ondeando Libertad ese nombre que se puso Dolores después de escuchar demasiados “¡Ay, dolores!” debido al silencio de la sociedad. Esa que intenta destruir más de una “Carta desde el asilo” y que envía a los desheredados enfilando el callejón, en un “Rip Rap” que ya predecía que too se iba romper, pero ahí está “Reincidentes” gritando “Vamos pal infierno” que en el cielo no hay ni Dios y al compás de una danza ritual evitar a esa “Reina de la noche” dejándose llevar por el son del “Himno del bar”. Donde no hay riqueza, pero sí bienestar y es el mejor sitio para ir a confesar, entre otras cosas, que el sadismo se convierte en tradición, en ese “Grana y oro” que traspasa el corazón, por eso, no hay otra cosa mejor que el “Vicio”, el del sexo, droga y Rock & Roll. Con ese toque punk que hace del de “Reincidentes”, el mejor, como siempre denunciando la miseria social y proclamando libertad, igualdad y fraternidad. Conscientes, una vez más, que el respetable que abarrota cada uno de sus conciertos, durante esas dos horas donde lo imposible se hace posible, es capaz de hacerse uno con “Reincidentes”. 



Entregados a la claridad de sus letras cantadas por Fernando, con su inconfundible voz y el sonido grave de su bajo, coreadas por Barea y Finito rasgando sus guitarras y arrancando con esos riffs tras los cuales se encuentra el hombre percusión, Manuel, manteniendo el ritmo hasta el momento de enfatizar con su particular grip. Sin retóricas paradojas, con la claridad de quien entiende que la desigualdad es un invento humano que se debe desconectar como, finalmente, la Sala Bóveda debió desenchufar a sus asistentes y encaminarlos hacia unas calles que aún conservaban el eco de la denuncia y el inconformismo de “Yeska” y “Reincidentes”.

Texto: Yon Raga Kender
Fotografías: Manuel Alférez

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